Estar en análisis ha sido un parteaguas en mi vida. Suena fáciil, sin embargo, en mi caso después de intentar por diferentes medios y por muchos años, resolver las situaciones de conflicto que no me permitían sentirme en paz conmigo mismo, llegué a tomar la decisión de comenzar el arduo proceso de análisis. A pesar de comenzar con la firme idea de enfrentar mis problemas arduamente, me tomó un largo tiempo lograr ver mis verdaderos miedos, sobre todo en lo que respecta a mi sexualidad. Durante este proceso logré ver y lidiar con todo el sistema de culpas con el que había llegado, sobre todo con las que provenían de mi familia y mis creencias religiosas.

El análisis me permitió entender cómo funcionaba yo. Tengo muy presente una comparación que mi analista hizo para explicarme el proceso, ella decía que nuestras vidas eran como obras de teatro y que lo que nosostros y las personas ven, es lo que ocurre en el escenario, pero que el análisis nos permitiría ver tras el telón y conocer una parte de lo que realmente pasaba detrás de escena. El analizar mi pasado y mi presente me permito conocerme a un nivel como antes no había logrado y reconciliarme con todos las cosas que estaban dentro de mi, si bien en un primer momento todo esto parecían fuerzas opuestas que luchaban en una idea de bien y mal, a través la aceptación aprendí a reconocer cada una de esas fuerzas como una parte de mi, ni bueno ni mal, simplemente era yo mismo. El análisis me dio la pauta para el rompimiento de muchos de mis paradigmas, llegó en el momento preciso, no me dio lo que quería, pero si lo  que necesitaba para sentirme bien conmigo mismo.

LH, 32 años, Profesor

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