Ser psicoanalista

Al preparar las palabras de hoy, quería poder transmitir de la manera más sencillo, sin complicarme en términos, que quizás ni yo misma logro terminar de entender, ¿qué es el psicoanálisis?, cómo decir en 10 minutos, algo que me tomo varios años: quitarme de la mente esa imagen de psicoanálisis =  diván, y ponerla en su justa dimensión.

Cuando la gente que me rodea sabía lo que estudiaba, algunos más atrevidos me decían que si eso todavía servía, que si era como en las películas (me imagino que pensaban en aquellas películas antiguas con un señor detrás del diván), alguien más atrevido me dijo, que Freud estaba pasado de moda, que había cosas nuevas en psicología que sí valían la pena estudiar.

Decidí meterme a la formación en psicoanálisis con la idea de atender pacientes, pensando en ofrecer profesionalmente una mejor opción, independientemente de todos los demás deseos inconscientes que también pudiera tener, como en el que dejaré en evidencia más adelante.

En uno de los seminarios, justo con Juan Diego Castillo, logré empezar a captar el alcance del psicoanálisis, él nos decía: el psicoanálisis es para ser o lograr un poco más... por ejemplo es para ser un poco más feliz, es para que haya un poco menos de sufrimiento... cuando menos un poco... Cuando lo escuche por primera vez, me sacudió mis ideas con las que llegue se supone que yo buscaba estudiar algo que me sirviera como herramienta para apoyar a "eliminar" principalmente la neurosis, y no sólo eso, sino que además se nos fue diciendo que con el psicoanálisis no atacaríamos los síntomas (directamente), que quizás en ocasiones ni se quitarían, pues éste no era el principal objetivo final. Si me llegue a decir: vaya cosa, entonces, qué es lo que se supone que hacemos aquí, pues al parecer lo que le interesa al paciente es la eliminación total de los síntomas y ahora me insisten que hay probabilidad  de que no se quiten. Además se supone que era para eliminar de raíz los conflictos.

Esto evidentemente deja en claro que hay mucho de soberbia o ego al iniciar esta formación, que quizás justifico al decir: quién no elige prepararse en algo que considera lo mejor, siempre vamos pensando que el lugar que elegimos es en donde esta la verdad (vaya mentira), los demás, no la tienen o tienen sólo una parte. Así que entre a esta formación en psicoanálisis idealizando, finalmente era necesario este enamoramiento, de otra manera cómo iba a considerar 4 años y medio más de estudio.

Y sin querer fue ahí donde empecé a colocarme en un lugar más apropiado frente al psicoanálisis, empezando por saber que era lo que no era: no iba a hacer que los sordos oyeran, ni los mudos hablaran, ni los ciegos vieran, evidentemente, estoy hablando de las histerias.

En pocas palabras empecé por entender que muchas ocasiones las personas en realidad no quieren "quitarse" inconscientemente sus síntomas, pues a partir de ellos sostienen muchas cosas. Por qué habríamos entonces de dejarnos engañar por esto. Con el síntoma el paciente sufre, sí eso es evidente, pero también a partir de él, satisface muchas cosas y más aún goza con el síntoma, hay teorizaciones para sostener esto que acabo de decir, así como muchas evidencias clínicas, pero no me quiero detener por ahora en esto.

Quiero remarcar esta condición de analista "todopoderoso" que tenía y de la que no somos culpables del todo pues no sólo es idea de nosotros que estamos en este campo, ya que la mayoría de las personas van pensando que tenemos una especie de tercer ojo que todo lo ve y que al decir unas cuantas palabras o incluso sin decirlas (hay quienes nos atribuyen más poderes) sabemos todos los complejos que tienen.

Sin embargo, ahí va de nuevo la desilusión... nosotros no sabemos nada del otro, el que sabe es el analizando, sólo que no sabe que lo sabe y esa es la parte que yo debo trabajar con él (esa es la razón de nuestros honorarios). En uno de los últimos seminarios Carlos Gaos, se empeño en remarcarnos que el lugar del analista es ese lugar  del NO saber, donde el analizando logre saber sobre su inconsciente, pues en realidad, todo lo que hable cobra sentido para él, si yo, por algo cometo el error de pensar que lo sé, lo que en realidad sobré es sobre mí misma, si es lo que quiero ver, y peor aún nos estaremos colocando en ese lugar de "todopoderoso".

Si no nos colocamos en ese lugar de "no saber", si no somos capaces de dejar ese lugar vacío donde el otro pueda hablar y encontrar significados a esto, en él mismo, quiere decir que aún no nos hemos formado como psicoanalistas.  

Con lo anterior pienso en lo difícil que es colocarse en ese lugar, difícil callar donde la mayoría hablaría (todos siempre tenemos cosas que decir, de cualquier tema, aunque no sepa nada de él), pensando en que justo el inconsciente tiende  a llenar los "espacios". Por eso ante las situaciones, cualquiera tendría algo que decir, sin embargo, en el análisis lo que se aprende es a callar, porque de no ser así, además de lo dicho anteriormente, también nuestro inconsciente "llenaría esos espacios", con situaciones ilusorias.

Ahora me enfocaré sobre cómo es que amplié mi visión reducida del psicoanálisis, pues en en realidad lo que quiero externar.

Llevo un tiempo, me imagino como muchas otras personas, que al ver la ola de violencia e inseguridad en la que vivimos, no podía más que sentirme impotente ante los acontecimientos, y me he llegado a preguntar: ¿qué puedo hacer yo?, estudie una formación en psicoanálisis que yo misma llegue a pensar que no podía ofrecerme herramientas para poder hacer algo al respecto.

Sin embargo, no sé exactamente en qué momento fue, pero descubrí que esta formación en psicoanálisis, podía ayudarme a encontrar respuestas sobre la sociedad, la política, la violencia, las enfermedades, las neurosis, el arte, la belleza, la femineidad, la masculinidad, el otro, la naturaleza, el sentido de la vida y la muerte, las relaciones sociales, la educación, el abuso, la virtud, en pocas palabras: lo humano; lo fui aprendiendo a través de los profesores, de las lecturas, las invaluables aportaciones de las compañeras y mi propia experiencia de vida, que el psicoanálisis estaba más vigente que nunca, pero esto dependía de mi. Así es, el psicoanálisis dejaría de ser esa imagen de película antigua y aburrida, en la medida en que yo misma dejara que a través de mi fuera vivo. Por cierto, cero que con esto lanzo una fuerte provocación a todos los que estamos aquí y que nos dedicamos a esto, el psicoanálisis es esa imagen porque  estamos haciendo muy poco, que los demás no se llegan a enterar que nosotros tenemos mucho que decir y aportar a todo lo que pasa en nuestra sociedad. Si el psicoanálisis no está como una opción para pensar y de ahí actuar  sobre los graves problemas  que hoy día vamos viviendo, es gracias a nosotros, no a que existen esas películas antiguas, a las cuales, creo que tenemos que agradecer, ya que quizás por ellas es que muchos sabe que existe.

 Considero que como muchos otros, tengo la idea de querer un mundo diferente, un país diferente, una sociedad diferente, no porque todo este mal, por el contrario, en días pasados leía la poesía del poeta Javier Sicilia: "Estamos hasta la madre..." que escribió a raíz del asesinato de su hijo, en verdad logro trastocarme en lo profundo y me deje sorprender por esa sensibilidad que transmitía en ella, donde me hace ver la belleza, la sensibilidad, la inteligencia del ser humano. 

Con esta idea de querer "un mundo diferente", he aprendido desde mi propio análisis y los analizandos que llegan  al consultorio, que en el diván se construye un mundo diferente, lo escuche en los seminarios, pero me he convencido porque lo he visto (así como Santo Tomás). Me he maravillado al ver cómo alguien en ese espacio se reconcilia con su historia, se perdona o perdona a alguien que en ocasiones  ya ni existe, descubre la razón de sus "traumas" ,  "síntomas" y "complejos", pero sobre todo descubre que es humano (sí creo que a veces se nos puede olvidar eso) y que por tanto, jamás logrará satisfacer por completo sus deseos, convenciéndose de que aceptar dicha condición es lo mejor, para cuando menos, ser un poco más feliz, pues en ese espacio se generan movimientos, lo que me posibilita a crear algo diferente. El mundo no es como quisiéramos, y eso en realidad es bueno, porque como ya mencione el deseo no se satisface, pero nos da mayores posibilidades de estar en tensión y por tanto de "vivir" y "crear".

De lo anterior me ayuda a entender mucho más el sentido del arte y del psicoanálisis y por qué no, de la misma belleza, el generar una obra de arte es una manera de plasmar el inconsciente, de ver eso que nos atemoriza de una manera diferente, en una posición que nos permite asombrarnos de él, cautivarnos, me atrevo a decir, frente a nosotros mismo. Ahí se coloca eso que no puede ser nombrado, y lo podemos admirar, por eso posibilidad de creación que nos otorga. Hubo una similitud al respecto que me agrado mucho: el diván es "una colección de poemas", es "hacer poesía" (mejor no lo pude entender), cada analizando visto en el diván construyendo su propio poema.

Para terminar quisiera mencionar la pasión, es un tema que por demás, logra cautivarme, se menciono en un seminario con Carlos Gaos, esa posibilidad de que el psicoanálisis se transmite por la pasión, siempre he sido partidaria de que así se hacen o se deben elegir las cosas, eso en definitiva sería para mí, la manera de dar a conocer el psicoanálisis, todo lo que a la fecha recuerdo que me atrapa está íntimamente relacionado con la pasión que logre ver en alguien. Por tanto, considero que cuando tocas las fibras de alguien, cuando logras mostrarle a través  de tus propios actos el psicoanálisis, esto mediante la creación y difusión de trabajos, me refiero a teorizar desde el psicoanálisis los problemas que hoy día tenemos en nuestra sociedad, considero que es la mejor arma que tenemos para mostrarles esta cara distinta del psicoanálisis que da la posibilidad de crear un mundo diferente.

En últimos días he tenido la frase de un autor anónimo: "Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas", primero hay que construir y crear esas ideas, de ahí la importancia de la palabra, la cual me abre la posibilidad de crear mi entorno de manera distinta.

Psic. Haydée Palatto Merino